DEPORTES DE CARTAGENA: BOLOS CARTAGENEROS

Empezaremos hablando del origen de los bolos, aunque no se sabe el motivo de su existencia si se conoce que las primeras civilizaciones tales como egipcios, griegos o romanos practicaban diferentes juegos semejantes a los bolos.

No se sabe el origen de este deporte con exactitud pero se encuentra una teoría bastante curiosa; durante el s.IV d.c los monjes de los monasterios centroeuropeos, concretamente en Alemania, vieron la utilización de un simple palo como causas de problemas de peleas entre campesinos, por lo que la iglesia empezó a simbolizar el palo con el mal y el demonio. Por ello, la persona que fuese capaz de derribar el palo desde una determinada distancia demostraría su inocencia y quedaría libre de pecados. De esta forma, esta prueba tuvo bastante popularidad y a mediados del siglo XIV el juego ya estaba extendido por toda Europa en diferentes versiones del mismo. Llegaron a ser tan populares que los trabajadores perdían de trabajar para jugar y se gastaban incluso dinero de sus salarios en apuestas. Hubo monarcas, gobiernos y alcaldías que prohibieron su práctica en algunas épocas determinadas.

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Juego de los bolos en el s.XVII

Remontándonos a los inicios de los bolos en España nos situaremos en el reinado de Carlos V y Felipe II que lo traerán desde centroeuropa, asentándose de forma local en numerosas provincias ademas de ir estableciendo sus reglamentos.

En la región de Murcia se establecieron dos modalidades diferentes del juego de los bolos, los bolos Huertanos y los bolos Cartageneros. En esta entrada solo se van a explicar los bolos Cartageneros.

Este juego es autóctono y popular en toda Cartagena con una larga historia y tradición practicada por un gran número de personas, bien sea en una partida de competición oficial o en un enfrentamiento simplemente amistoso. Posee elementos en común con los bolos tal como los conocemos y con la petanca.

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Campo de bolos cartageneros del polideportivo municipal Diego Serrano.

Nació a principios del siglo XVI comenzando a practicarse en el campo de Cartagena para, posteriormente, extender su práctica a La Unión y Torre Pacheco, y por último, en la propia ciudad de Cartagena. Por aquel entonces el mayor interés de las partidas estaba centrado en las apuestas que realizaban los ricos hacendados, por otro lado, los participantes, campesinos y mineros de la zona se apostaban la merienda.

A finales del siglo XIX los bolos establecerán sus reglamentos y dejará de practicarse en las plazas mayores. Se dispondrán de sitios específicos para crear zonas de ocio, como por ejemplo al lado de una taberna.

El vocabulario de este juego es un tanto complejo. A continuación se podrá visualizar una hoja del libro de Pedro Caparrós y Diego Segovia en el que explican algunos términos utilizados.

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En 1968 se elaborará el reglamento y normas del juego que consta de 12 capítulos y 117 artículos, haciendo referencia final al comité de competición como órgano para resolver y sancionar dudas e incidencias que se puedan realizar a lo largo de un partido. El 5 de diciembre de 1973 se aprobó en una sesión extraordinaria tres capítulos más con sus correspondientes 36 artículos.

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Dibujo de como es un campo de bolos cartageneros y el nombre de todas sus partes. Los puntos rojos son la disposición de los bolos.

Para practicar este deporte hace falta un campo especial para jugar en él.

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Los bolos y la bola son también característicos de este deporte.

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Entrega de trofeos en 1996 en Fuente Álamo.

Los dos equipos enfrentados constan de siete jugadores cada uno en el campo, pudiendo tener como máximo 12 que se irán sustituyendo con un máximo de tres cambios por partido. Cada encuentro constará de dos partidas a seis juegos, que a su vez se divide en dos partes. El juego lo gana el equipo que suma el mayor número de derribos válidos, y en caso de empate, el equipo que inició la tirada.

(Si desea conocer el reglamento completo de este deporte en la bibliografía adjunto un pdf con el reglamento simplificado y un libro reglamentario de Pedro Caparrós y Diego Segovia más completo).

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Actual campo de bolos cartageneros en la diputación de Santa Ana, Cartagena.

España es uno de los países europeos que cuentan con una gran riqueza cultural en juegos y deportes populares y tradicionales, aunque a mediados del siglo XX han estado en peligro de perderse debido a la aparición de nuevas prácticas deportivas; deportes de masas, el carácter sedentario de las nuevas tecnologías aplicadas al juego y juguetes, y la escasa presencia de estos juegos en los medios de comunicación. Es por eso que juegos tradicionales como los bolos cartageneros están despareciendo a medida que pasan los años, ya que las nuevas generaciones o lo desconocen o no despierta interés alguno en ellos.

Listado de todos los equipos que han jugado en la liga comarcal desde 1969 hasta 1996, según el libro de Diego Segovia y Pedro Caparrós.

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-PDF explicativo del reglamento de los bolos cartageneros.

Vídeo de una partida de bolos Cartageneros.

Vídeo explicativo de bolos Huertanos y bolos Cartageneros.

BIBLIOGRAFÍA

-CAPARRÓS, Pedro y SEGOVIA, Diego. Los bolos a través de la historia. Cartagena: CAYSE, 1992, 83p.

-CAPARRÓS,Pedro y SEGOVIA, Diego. Los bolos cartageneros… o la historia continúa. Cartagena: CAYSE, 1996, 84p.

-CAPARRÓS, Pedro y SEGOVIA, Diego. Reglamento bolos Cartageneros. Cartagena: Dirección General del Deporte, 1998, 40p.

-EXPÓSITO BAUSTISTA, Juan y ALONSO PERALO, Marta. Los deportes autóctonos en la Región de Murcia: los bolos huertanos y bolos cartageneros [en línea]. Murcia: 2010 [Fecha de consulta: 10-12-2013].

-NICOLÁS GUERRERO, Inmaculada. El juego de los bolos en la región de Murcia: bolos huertanos y bolos cartageneros[en línea] 2013, vol.17, n.178. [Fecha de consulta: 10-12-2013].

-TALAVERA ARRIERO, Patricia. Colección de juegos tradicionales: bolos cartageneros. Museo del juego, 2011.

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AMURALLADO DE LA CIUDAD: DESDE SUS INICIOS HASTA LOS REYES CATÓLICOS.

Como ya he comentado anteriormente, Cartagena ha sido siempre un gran fortín defensivo, situada en el fondo de una pequeña península rodeada de colinas que se introducía entre el Mediterráneo y la pequeña laguna que se extendía por el norte. Garantizaban una fácil defensa sin renunciar a las grandes posibilidades de su puerto, excepcionalmente protegido por una bahía que se adentraba hasta las puertas de la misma ciudad.

Boceto realizado por Carmen Jiménez Sanz y Nuria Ramón Fernandez de como seria la ciudad de Carthago-Nova. Los círculos de color azul son las cinco colinas que rodean la ciudad. La línea azul es la zona del istmo donde se encontraba la entrada a la ciudad.

Boceto realizado por Carmen Jiménez Sanz y Nuria Ramón Fernández de como sería la ciudad de Carthago-Nova. Los círculos de color azul son las cinco colinas que rodean la ciudad. La línea azul es la zona del istmo donde se encontraba la entrada a la ciudad.

Las primeras civilizaciones que llegaron a Cartagena fundaron la cuidad de Mastia, a día de hoy no se ha demostrado que esta ciudad contuviera murallas. El primer tramado de muralla más antiguo que se haya encontrado en Cartagena corresponde a la muralla púnica. Su construcción se remonta aproximadamente hacia el 227 a.c con la fundación de la ciudad púnica “Qart-Hadast” al mando del general Asdrúbal. Algunos apuntan que destruyeron toda la ciudad de Mastia para reconstruirla de nuevo o simplemente hicieron una ampliación de la ciudad y un remodelamiento entero de todos sus edificios. La técnica arquitectónica empleada en su construcción responde a sistemas helenísticos difundidos en todo el Mediterráneo central, sobre todo en Sicilia e Italia meridional, pudiéndose encuadrar entre fortificaciones denominadas de “casamatas”. Esta muralla estaba formada con dos muros paralelos separados por unos seis metros de separación, construidos de bloques de piedra arenisca, unidos a intervalos regulares por otros muros o tirantes, quedando entre ambos una serie de estancias interiores, a veces comunicadas entre sí y con acceso desde la parte interna del recinto. En la parte superior, a la vez que cubría las estancias internas o casamatas, cubrían también el camino de ronda. No se sabe si disponían de torreones o el tipo de almenas que coronaban las murallas.

Solo habían dos puertas principales en la ciudad, una que daba al muelle comercial, y por lo tanto al mar (actualmente sería mas o menos donde se encuentra el arsenal militar), y otra por tierra en la zona del istmo. Actualmente no se hallan ninguna de las dos puertas.

Foto de un tramo de muralla púnica sacada del museo.

Foto sacada del museo “muralla púnica”.

Este tramo de muralla fue descubierta en 1989 junto a la Plaza del Almirante Bastarreche, en uno de los patios del Hogar Escuela de “La Milagrosa”, en la ladera sur del Monte de San José y Despeñaperros, casi en línea con las Antiguas Puertas de San José que constituían uno de los accesos a la muralla de Carlos III.

Durante la época Romana no se encuentra ningún tramado de muralla, por lo que parece ser que durante su conquista mantuvieron la antigua muralla púnica de Qart-Hadast, con pequeñas transformaciones en la zona portuaria, dónde la ciudad romana se centrará, creando también algunas otras modificaciones con respecto a la reordenación urbanística.

Se han encontrado diversos programas epígrafos en el último cuarto del siglo I a.c, los cuales hacen mención a la construcción de recintos murarios de diversos núcleos itálicos y occidentales.

Carthago Nova, al contrario de Qart-Hadast, se centrará en en el sector comercial, por lo que las murallas no parecen responder tanto a una necesidad de defensa, sino su deseo de dotar a la ciudad de un elemento indispensable para su consideración como tal.

A mediados del siglo VI d.c, la reactivación de la ciudad con el dominio bizantino trajo consigo nuevas reformas urbanas que se centraron en el viejo teatro, aprovechando muchos de los materiales allí existentes. Los grandes cimentos del pórtico, ligeramente modificados en algunos tramos, debieron aprovecharse a modo de murallas que protegían la ciudadela.

Restos de la Muralla Bizantina.

Restos de la muralla Bizantina.

En las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en el año 1983, dejaron al descubierto unos muros en los que había materiales de época bizantina correspondientes a una porción del recinto amurallado que protegía la ciudad. Ya sabíamos anteriormente que la ciudad bizantina disponía de murallas, tal como dice el texto de la lápida de Comenciolo encontrado el la plaza de la Merced en 1698. El texto dice lo siguiente: “ Quien quiera que seas, admirarás las partes de la torre y el vestíbulo de la ciudad afirmados sobre una doble puerta, a la derecha y a la izquierda lleva dos pórticos con doble arcos los que se superpone una cámara curvo convexa. El patricio Comenciolo mandó hacer esto enviado por Mauricio Augusto contra el enemigo bárbaro. Grande por su virtud, maestro de la milica hispánica, así siempre Hispania se alegrará por tal rector mientras los polos giren y el sol circumbe el orbe, Año VIII de Augusto. Indicción VIII”. Hoy día no tenemos evidencias de más tramos de muralla bizantina, únicamente algunos tramos encontrados en la calle Soledad.

Lápida de comenciolo que se encontraba en la puerta de entrada a la Muralla Bizantina. Actualmente se encuentra en el Museo Arqueológico Municipal de Cartagena.

Lápida de comenciolo que se encontraba en la puerta de entrada a la Muralla Bizantina. Actualmente se encuentra en el Museo Arqueológico Municipal de Cartagena.

Dejando atrás el esplendor de la ciudad de Cartagena durante la época Antigua, en la Edad Media Cartagena acumuló una serie de calamidades que imposibilitó su resurgir hasta alrededor del siglo X en época Islámica, que debido a las frecuentes guerras entre los reinos cristianos y Al-Ándalus, las murallas se convirtieron en un elemento defensivo- ofensivo de primera línea.

El recinto amurallado se encontraba en torno al cerro de la Constitución, con el objetivo de controlar la puerta de unas de las rutas comerciales mediterráneas.

Foto panorámica tomada del puerto desde el castillo de la Concepción en 1920.

Foto panorámica tomada del puerto desde el castillo de la Concepción en 1920.

La fortaleza de la ciudad era una madina islámica, es decir, una pequeña ciudad fortificada que ocupaba varios niveles siendo el primer nivel el alcázar, diferenciándolo con el resto de la ciudad mediante una muralla, protegiéndose no solo de los enemigos, sino de los propios habitantes. Su puerta de acceso corresponde a una estructura de laberinto propias de las fortificaciones islámicas de la época. (s. XII y s.XIII). En el resto de la madina se encontraba otra muralla tras el mar durante el s.XII.

Foto aérea del Castillo de la Concepción.

Foto aérea del Castillo de la Concepción.

Con la conquista cristiana de la ciudad Cartaginesa se encontró una ciudad plenamente desarrollada, que a finales del siglo XII y comienzos del s.XII, cuando la ciudad se reorganizó, mantuvo numerosas estructuras urbanas islámicas de la época. El amurallado de las ciudades durante la Edad Media era algo habitual, por lo que Cartagena no fue una excepción. En los muros, los lienzos exteriores eran normalmente de argamasa y en algunos tramos con piedra. Estos muros acabaron siendo un punto de apoyo arquitectónico durante el s.XV para construir nuevas casas que se encontraban pegadas a la muralla, lo que complicaba la defensa además del mantenimiento de los muros.

Cartagena no volverá a disponer de un digno sistema defensivo hasta el reinado de los Reyes Católicos.

RESTOS DE MURALLAS ACTUALES EN LA CIUDAD DE CARTAGENA

Museo de la muralla púnica

Museo de la muralla bizantina

-Museo del Castillo de la Concepción (época musulmana y cristiana)

BIBLIOGRAFÍA

-AZNAR ACOSTA, Francisco.Historia gráfica de Cartagena. Murcia: La Opinión, S.A, 1992. 504p. 84-87759-14-9.

-AZNAR ACOSTA, Francisco.Historia gráfica de Cartagena. Murcia: La Opinión, S.A, 1993. 600p. 84-87759-16-5.

-BENDALA, Manuel y BLÁNQUEZ Juan. Arquitectura militar púnico–helenística en Hispania. Formas e imágenes del poder en los siglos III y II a.d.C.: Modelos helenísticos y respuestas indígenas[En línea].2002-2003, vol, 28-29, 159p. [Fecha de consulta:18-11-2013].

-MARTÍNEZ ANDRÉU, Miguel y GRANDAL LÓPEZ, Alfonso. Cartagena: Itinerarios Culturales. Cartagena: Concejalía de Turismo, Concejalía de Cultura y Educación, 1994.79p. 84-87529-24-0.

-MUNUERA NAVARRO, David. Las murallas de la Edad Media.

-RABADÁN ESCUDERO, Ana (Coord). Itinerarios didácticos: Cartagena Romana. Cartagena: Instituto Municipal de Educación, 1998. 89p.

-RUIZ VALDERAS, Elena y MADRID BALANZA, Mª José. Las murallas de Cartagena en la antigüedad

 

“VELADA MARÍTIMA” ESPLENDOR Y DOLOR

Antes de entrar de lleno en la velada marítima, primero he de narrar la historia y el contexto de esta fiesta local que fue muy importante en la hermosa ciudad de Cartagena.

A partir del siglo XVI en el mes de Mayo se celebraba la gran feria de Cartagena en honor a la virgen del Carmen y a Santiago. Durante los siglos XVI y XVII se situaba alrededor del convento de San Ginés de la Jara y durante el siglo XVIII se trasladó a la plaza de la Merced. Pero no será hasta 1887 cuando la feria se ubicará, en los meses de verano, en la explanada del muelle. A partir de entonces esta feria contará con una gran importancia para el pueblo cartagenero y para muchos otros lugares de España.

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Zona del muelle en el año 1918 con sus kioskos fijos durante todo el año.

Con la ubicación de la feria en el paseo de Alfonso XII, se construirán numerosos comercios para atraer el mayor número de forasteros y en 1890, en la explanada se construyó un recinto con vistosos arcos de entrada de estilo ecléctico. También en este recinto, fuera del período de feria, tenían lugar representaciones de espectáculos ambulantes.

En 1893 se mejoró la feria con la idea de tener mayor espectáculo y turismo, por lo que las fiestas se enriquecieron con batallas de flores, fuegos artificiales, desfile de carrozas, juegos florales y como no, las veladas marítimas. Estas fiestas no solo las promocionó ni financió el ayuntamiento, sino también varios organismos y entidades particulares. En 1899 las casetas formaban una línea curva y frente al mar se situaban los pabellones municipales, además de las sociedades recreativas presidiendo el recinto.

Se construyeron más arcos en el recinto ferial, como el gran arco de entrada al recinto en 1902 con tres puertas, además de otro arco espectacular en 1907.

Arco de entrada en 1906.

Arco de entrada en 1906.

A partir de 1910 estas fiestas entraron en un proceso de recesión y cada vez se celebraron con menos frecuencia, además si contamos con los problemas de espacio entre la feria y el puerto, podremos entender porqué la feria se acabó trasladando a la Plaza de España del ensanche, dejando únicamente en el puerto las veladas.

La plaza de España en el año 1958.

La plaza de España en el año 1958.

A partir de 1920 la feria se celebró en primavera, dando mayor importancia a los desfiles de carrozas y cabalgatas.

Una vez puestos en contexto, hablemos de las veladas marítimas. Como hemos dicho anteriormente se remonta al año 1893 y se trata de un desfile nocturno de barcos completamente decorados y iluminados que recorrían la dársena del puerto hasta recogerse en Santa lucía. El origen de esta idea se remonta a la época romana, cuando celebraban la fiesta de Isis que daban lugar a un desfile de personas disfrazadas junto a un barco que se deslizaba junto al mar. Existían dos premios a las mejores carrozas en sus dos modalidades: embarcaciones mayores y embarcaciones menores.

A partir de 1895 estas veladas se convirtieron en la parte principal de las fiestas de Cartagena.

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Pero a partir de 1916 estas fiestas fueron perdiendo poco a poco su originalidad y frecuencia hasta que un accidente el día 25 de julio de 1972, puso fin para siempre a estas fiestas. Una de las barcazas, concretamente la última llamada “Río Tajo”, llevaba exceso de aforo y se hundió provocando la muerte de diez personas y el caos de toda una ciudad. Una de las teorías por las que esta barcaza se hundió fue que las personas que se encontraban dentro se movieron hacia el lateral de la barcaza, ya que el tribunal de fiestas se encontraba en ese lateral, provocando el desequilibrio de la barcaza y su correspondiente hundimiento. Hay otras teorías que afirman que los listones de madera de la barcaza estaban rotos ya antes de botar el barco.

Artículo de la tragedia del 25 de julio de 1972 en el periódico la Verdad.

Artículo de la tragedia del 25 de julio de 1972  del periódico la Verdad.

Han pasado ya cuarenta y un años de la tragedia, tenemos el recuerdo amargo de aquel suceso que cambió la ciudad, pero también tenemos el recuerdo de aquellas maravillosas fiestas donde la gente disfrutaba ¿Fue aquel momento tan dramático como para suspender definitivamente las fiestas? ¿Realmente fue correcto que se dejaran llevar por el miedo de una tragedia aislada? ¿Qué posibilidades había de que eso volviera a suceder? ¿Y ustedes, qué opinan?

Aquí les dejo varias imágenes de las barcazas recogidas en el libro “Historia Gráfica de Cartagena”
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Vereda Marítima de 1965

Velada Marítima de 1965

¿Recuperaríais la velada Marítima? 

BIBLIOGRAFÍA.

PÉREZ ROJAS, Francisco Javier. Cartagena 1874-1936: (Transformación urbana y arquitectura). Murcia: Editora Regional de Murcia, 1986. 772p. 84-7564-038-9.

SOLER CANTÓ, Juan. La Historia de Cartagena. 2º edicción. Murcia. 1999. 188 p. 84-930322-1-2.

Noticia del periódico La verdad del  sobre el accidente ocurrido en las veladas marítimas de Cartagena el 25 de julio de 1972.

Vídeo explicativo de la 7RM de las veladas marítimas de Cartagena y su accidente.